miércoles, 31 de octubre de 2018

Payasos Tristes de Trescientos.

Bienvenidos, nietecitos. Como cada Halloween, vuestra abuelita os cuenta un cuento. En esta ocasión, es una realidad alternativa, en la que una película costrosa tuvo un éxito desmesurado y dió lugar a un nuevo género cinematográfico y televisivo.

Te dejaste mal cerrado el gas. O no apagaste bien la estufa de pellet. La explosión, que es a lo que vamos, fué magnífica. Magnicida más bien porque la infanta Leonor y un señor que era Rey de Aquitania, ya no estanian ni existanian. Una explosión que dió la vuelta a la realidad, cambió la percepcionalidad tangente de las cosas tal y como las conósceres, una realidad que ya no es a tuya pero tampoco la mia, una irrealidad payasística en la que la película Balada triste de trompeta acaba bien, con un final bien cerrado, no como los habituales del De La Iglesia, ni como en la realidad paralela actual consciente de serlo en ella misma.

En esa realidad, decimos, no pierdas el hilo que hilvanar le cuesta ya lo suyo y lo tuyo a esta anciana cuentacuentos y comeleguas, las cosas no fueren como seriesen aquí. Y seriesen no lo digo por la televisión, que ya lo hablaremos, pero cómete el colacao, hijoputa, de una vez ya.

Esa realidad, ¿Por dónde iba? Esa realidad en que esa pelicula de payasos que no era de DC, lo petó hasta las médulas óseas de los espectadores. Rieron, lloraron, hasta ganó el OSCAR fractal a mejor actor de reparto negro y obeso, arrebatándole la estatuilla ese año a Kate Winslet. Ganar un oscar fractal ya es un logro, pero que una película lo gane a mejor actor de reparto negro y obeso, es algo que sólo ocurría en 1939 con el Mago de Oz, la película aquella del grupo de rock que en realidad era mermelada tocando instrumentos.

En aquella realidad, que me voy del tema y me disperso, películas de payasos. Uma Thurman no hizo Kill Bill, hizo Postizas y Lágrimas, un drama sobre narices y pelucas, que ganó también dos globos de oro, concretamente los de la niña de Modern Family.

Hete ahí que aprovechando la vorágine, aprovechando el Muntaner, lo que viene a ser el éxito imparable de las postizas, las risas y los llantos, y los señores con depresión que se pintan la cara de colores, pero no de los que gobiernan USA sino los otros, el canal SYFY, al que en aquella realidad se llama el Canal Gutiérrez, se está hinchando a hacer telefilmes de payasos Payasos tornado, Payasos asesinos colorados del espacio interior, Payasos mutantes de Huesca.

Pero su franquicia estrella, que ha logrado incluso que vuelva el VHS y los videoclubs se abran sólo para ella, es "Payasos Tristes de Trescientos". Un drama épico, un péplum de pistas de circo y troyanos, pero no de los del ordenador por bajarte porno, de los otros, de los que van desnudos a a guerra, pero que no, que no son Rocco ni actores de esos. Payasos Tristes de Trescientos tiene como protagonista a Dean Cain, que interpreta a Clark Quent porque el Canal Gutiérrez no quiere riesgos y si fuiste un personaje famoso de una serie bonita y de colores, deberías llamarte igual si no parecido que el personaje que te encasilló, encasquilló y vilipendió obligándote a drogarte y violar alguna niña en un parque hasta que prometiste reformarte y revitalizarte, y devolviste el cadáver de la niña a Medeiros.

Dean Cain es Clark, un jefe de pista que siente el amotinamiento de sus payasos tontos, que tontos son pero no lo parecen, y traman una revuelta estudiantil contra el payaso listo y jefe de pista, que se parece a Gaby de los payasos de la tele pero claro es que Gaby se parecía a un director de orquesta famoso y éste a su vez al padre de Iván Sarnago, pero esto no viene a cuento. Porque de lo que se trata es de contaros un cuento. Y ya he perdido el hilo. Payasos, bufones y arlequines, pueblan los cines, la tele y los mitines. Y no pretendo ser sarcástica, simplemente soy fantástica.

Algún día que recuerde y refuerce la memoria, seguiré hablando de esos payasos. De los Payasos Tristes de Trescientos, enfrentados a mil doscientas focas del mal que invaden el imperio astrogodo y godofrí, que no tiene ni contigo ni sin tí, cuya maldad y caudillismo hacen palidecer a tu tío el que se escondió en Argentina y frió a varios niños judíos, y volvió a Valencia en busca de una herencia, y acabó de conserje, el jodido hereje. Hereje, como lo fué el bíblico y actor de doblaje Jérjeres el embutible, con salto de cama por taparrabos y unas muñequeras mágicas con las que enfrentarse a los Mediométricos, los enanos salvajes del Caribe.

Ay, el caribe, qué coñazo las películas del Jhonny Deep. Volvamos ya de la realidad de los payasos y arlequines, a la verdadera realidad en la que os estoy contando un cuento en la noche de Halloween.ç



Y creíais que había muerto. Anda que os hace falta poco para pensarlo, hijosdeputa.

lunes, 30 de mayo de 2016

Reverendando Mercúpiadas.

En el averdecer irregular de la campiña semteptrional, una pandilla de jóvenes y gráciles cigüeñas, jugaban despreocupadas de la migración, pues sus padres, madres y mayores en definitiva, ya se encargaban de hacer las maletas para dirigirse a pastos mejores al caer el perrenque.

En la campiña las llamaban las Mercúpiadas, porque no paraban quietas, saltimbanqueaban de un sitio para otro con sus patas largas y adolescentes y sus alas plumantecosas.

Las Mercúpiadas eran también unas tenebrosas criaturas mitológicas carentes de plumas, con lo cual la confusión y el bodevil estaba a la vuelta de la escafandra.

La madre de Rosita, una de las Mercúpiadas (las cigüeñas, no los monstruos), estaba muy preocupada porque desde hacía horas, Rosita no había dado señales de vida, no se la oía graznar, deglutir ni revolotear. Marchó a casa de las amigas, donde, una por una, las interrogó hábilmente como si hubiera nacido para ser interpretada por, qué se yo, James Cagney, en las películas policíacas y de gángsters de los años cuarenta.

Las pequeñas cigüeñas adolescentes pasaron un mal trago contestando a las inquerencias sempiternas, ahogadas e inconclusas, de la madre de Rosita. Además, había llegado a la campiña el cura Topo, que era cura y no veía tres en un burro, con lo que solía tener problemas para aceptar a la Santísima Trinidad, sobretodo si esta montaba a lomos de un Equus africanus asinus (que es como se llaman a sí mismos los burros para no parecer tontos). Que si Jesucristo uno y trino, pero que yo no lo veo claro, que si tampoco será para tanto el diluvio, si luego son cuatro gotas... El caso es que el Cura Topo era un tanto especial, y solía dar misa los Mártoles, porque le gustaba más que los Juviércoles. Se saltaba todo el santoral a la torera, pero con vuelta y media.

El Cura Topo, se prestó rápidamente a exorzicar o reverendar a las pequeñas cigüeñas, para ver si así sonaba la flauta y alguna, en lenguas muertas, confesaba dónde se encontraba Rosita.

EGO TI RACARRÁ IN CARENDUM PUSSOM, decía, agitando un botecito de Varón Dandy. No tenía nunca agua bendita cuando la necesitaba, pero una colonia de a centavo el litro ya venía bien para exorcizar, desinfectar y dejar las cosas en su sitio. 

Las pobres cigüeñas, con los ojos irritados por la colonia barata, confesaron finalmente, "Está con su novio, en el pajar!", y toda la aldea fué con antorchas, encendidas muy fuertemente, a buscar a los díscolos amantes a su nido de amor.

Pero como era un nido, y todos eran cigüeñas menos el Cura Topo, pues tampoco lo vieron nada fuera de lo normal. 


jueves, 9 de enero de 2014

Sin extrañeza se le esperaba.

Robregordo Gorechenko era un músico de contrabajo enamorado. Estaba todo el día para arriba, para abajo, que si tal y que si cual... Y todos los días pasaba por su restaurante preferido, el Pinzita´s, a ver a su amada.

Entre las camareras no estaba, entre las cocineras tampoco. Era una morena. Pero no morena de morena rubia, de morena o pelirroja, era una morena, de las del mar, de las que muerden. tenía ojos como inyectados en sangre, revoloteados, revueltos de gambas, y un aspecto realmente amenazador. En cambio, una morena, de las de morena o rubia, de las de morena o pelirroja, una de las camareras, vamos, estaba enamorada de Robregordo. Salía al paso de las acusaciones de sus compañeras de contrabajo, las otras camareras, que insinuaban tonterietas de enamorados entre la morena, de la cual no he dicho el nombre pero es que los rusos tienen estas cosas, que se llaman raro como Relojdearena o Salamancaconqueso, cualquiera sabe ya el nombre de aquella camarera.

Robregordo volvía a casa, donde vivía con su abuelo, Ivanov, que curiosamente años atrás había protagonizado un cuento clásico ruso, porque si eres abuelo ruso por fuerza has sido antes un personaje ficticio de una leyenda, ellos son así, no me investiguen, ya saben aquello de la Leyenda de la Zarigüella que al final resultó ser sobrina de nosequién.

Ivanov le dió a robregordo una lección que nunca olvidaría. Bueno, todas las tardes le daba clases de contrabajo, y en teoría debería no olvidársele, cuando de repente irrumpieron en la habitación un montón de ardillas del hip hop, ardillas peligrosísimas que lo mismo te riman a ritmo de Tchaikowsky que te matan con un cuchillo porque son mala gente. Las ardillas venían en son de paz, y el son que traen al caminar las ardillas del rap, es un son latino, un son de spotify, un son Otone. Vinieron a decirle a Robregordo que si estaba dispuesto, podrían sacar a la morena de la pecera, para que la diera un beso o un concierto. Robregordo dijo CONCIERTO!, porque era un personaje bastante idiota. El único ruso con un nombre que no se podia escribir en cirílica pascual. Se escribía en inglés. Robregordo, Rauber Gorde, en italiano. Muy mal todo, muy estropicio. Muy de montarse un lío con ardillas, morenas, tontos y contrabajos.

Al final Ivanov, el abuelo, los mató a todos. Pero no quedaba aquí la cosa, ya que después de desahogarse, de quitarse un peso de encima de hacer puré de niño tonto, pescados y ardillas, de generar una masacre musical, se fué a hacer las américas. En plena guerra fría. Y si de frío sabe alguien, son los rusos y los de ávila.

Total que Ivanov hizo una gira que se acogió más bien con poco interés por parte de los ciudadanos de Wichitah, los hermanos Wichitah, los de Matrix, más que nada porque tituló a su gira musical de contrabajo y ovejas musicales "LA GIRA MUSICAL DE LA HOZ Y EL MARTILLO, HIJOSDEPUTA". Y claro, no tuvo feeling con el público americano, que entonces ya tenía bastante con las invasiones de hormigas mutantes gigantes del Sol (eran del sol, qué pasa, en marte ya había demasiada gente). Fué despedido por sí mismo de su propia gira, propinándose una sonora patada que lo echó del local donde actuaba por última vez. Y eso, fíjenese, sí tuvo buena acogida. Al despedir a ese ruso malencarado, se hizo popular en la zona, todos le aclamaban, formó un grupo de jazz con dos negros y una foca monje, que sabía tocar espectacularmente los campánulos, y montó otra gira, esta vez acertadamente titulada "NO VOLVERÁS A TOCAR EN MI GARITO, MALDITO COMUNISTA".

Total que a estas alturas os habéis olvidado de Robregordo, el ruso sin nombre en cirílica, y la morena de la pecera del Pinzita´s.

for M.

jueves, 11 de agosto de 2011

Un mensaje de la Abuela Mutante (ACTUALIZADO)

Pues nada, queridos nietecitos, mis hijos han vendido el Blog a la multinacional SERIE B COMICS, esa de cómics guarros y demás. Así que ahora ellos mandan, y yo me limitaré a contar los cuentos que recuerdo de cuando serví en Sección femenina en el año 32. ¡Sí que había sección femenina, no me contrariéis!

El caso es que me han dicho que la gente en internet no lee. Vamos, que como no tengas un blog de esos de chistes y fotomontajes, no eres nadie en la red. Y me han traído un cuidador, jovencito y con muchas ganas, que se llama Gerard. Además de cuidarme y sacarme al parque, también dibuja, y dicen que va a ser el dibujante oficial de "LOS CUENTOS DE LA ABUELA MUTANTE". A mí ya me parece bien si pinta o si ponta, o si Poncio Pintandos, si eso es bueno según me ha dicho el nuevo jefe, para las visitas, es bueno para mí. Para hacerme la pelota se ha currado un bonito póster que tenéis aquí, en el que me ha retratado en lo que yo buscaba inspiración para mis cuentos.


Le he hecho una prueba, y para dejarme contenta y satisfiesta me ha ilustrado dos de mis cuentos más bonitos: ABRAHAM SALINSKY Y LA GACELA MÁGICA y ECLESIASTÉS MELQUIADES, LAS MEDUSAS DE BOSQUE Y LA AVELLANA LUCIÉRNAGA.

ACTUALIZACIÓN 4-Octubre-2011: Gerard nos ha entregado una nueva hornada de ilustraciones:   MUNITOS BIESTÉRICOS · Petrín y los Métricos · SANTA NUGGET DE POLLO · La extraordinaria, asombrosa y electrostática Nuca de Brenástedes García. · LA TERRIBLE VIDA DE BLAS · El Periquito Asmático

Después de estos dibujos, le he dado el visto bueno. Así que en breve colgaremos nuevos cuentos ilustrados por Gerard Tauste, y os avisaremos por megafonía cuando los cuentos antiguos vayan teniendo también su ilustración... Saludos a vuestras mamás, hijosdeputa.

viernes, 8 de abril de 2011

Munitos Biestéricos.


Jafrín estaba de enhorabuena. Todos sus deseos, que en aquella edad sieteañera inocéntica eran, únicamente, tener una bici con remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo, se habían cumplido. Frisor, su anciano padre, había trabajado noche y día, noche y noche en hacerle a Jafrín un remolque de maderas nobles y sangre azul para su bicicleta.

Jafrín salió despendolado ladera abajo con su bicicleta, ahora también con remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo y su perrito Blas montado en él,un perro agriomático que se digiere a sí mismo por una malfunción eprisódica y refrenástica de las cosas de su intestino, y divirtióse de lo lindo bajando la ladera una y otra vez. y digo una y otra vez con conocimiento: El pueblo donde vivía Jafrín está en pendiente de línea temporal estricta, que te obliga a repetir acción una y otra vez, si bajas una ladera, llegas al final, y quieres volver a bajarla, la imagen se corta y hay un salto temporal y vuelves a bajar desde arriba sin haber hecho el esfuerzo de subirla pateando hacia arriba. Es decir, si llegas al final de la ladera, apareces cayendo desde arriba again and again in the kitchen with the cándelabrer.

En esas que estaba jafrín, que en la decimo séptima bajada por la ladera, resbaló con algo. Unos seres diminutos peluditos y de color violeta, que emitían un gruñidito que si escuchabas bien decía "Arrester Crongüay, Dos veces pero uno", pero si no escuchabas bien decía "pí". No Pi del número pi, porque eso es un sonido que suena más a metálico, sino "pí" de como suena, de "pí" de "pito", "pirrín" o "pirransélido".

Jafrín se bajó de la bici, miró aquellos bichitos, y comenzó a sollozar, viendo a algunos de esos bonitos animales espachurrados debajo del remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo. Cogió algunos de los que estaban vivos, los guardó en el remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo, y se dirigió al bar del pueblo, donde estaba su padre tomando un Sardonier en escabeche, que es una bebida alcohólica muy habitual en los pueblos ladeados en pendiente contínua en bucle, y este pueblo hemos dicho que era de esos, o incluso más.

-¡Paprá, paprá, mira, ¿Que son estas cositas que traigo en el remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo?

-¡Qué es con acento, giligusano de mis entrañas, anormal reeducado por mí con todo el cariño, esperpento infantil de ojos tristes y voz cansinista! ¡Pero dime, ¿Qué traes en tu remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo, que tan esforzadamente construí noche y día, noche y noche, con maderas innobles y tornillajes de fibra de zarzamora?

-¡Pues eso, unos bichos, paprá! ¡Míralos tú mismo! ¿Qué son, qué son, qué pueden ser, son duendes del bosque tal vez, son hadas que concederme un deseo podrían, qué son, qué son, qué bailan al son, qué son con chorizo, que són manchego al aceite?

-Son, hijo mío, que eres tontico, que eres lentín, que eres más maderete que las patas de una mesa, que eres bobo como una bota de vino sin vino ni viene, son...

...Munitos Biestéricos. Y ortigan que da gusto. Y no hay antídoto para su veneno hasta dos pueblos más adelante, a 90 kilómetros aproximadamenta eucaliptus. Y encima, como tenemos que ir en dirección ladera abajo, lo tienes crudo, hijo mío de mis entrañas. Que es que de verdad, eres muy bobo. Que a ver quién te mandaba coger cosas del suelo. Que vales para menos que un pañuelo usado pisoteado por un montón de Ñuses.

Bobo.

Anormal.


Y así, aún hoy en día, décadas despues de coger aquellos Munitos Biestéricos y guardarlos en el remolque imitación de los de trabajar las tierras en el campo, Jafrín sigue ladera abajo despendolado intentando saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle que le vuelve a colocar ladera arriba en caída libre ladera abajo, intentando en vano que al saltarse el bucle

jueves, 10 de marzo de 2011

MICRORRELATO MUTANTE: Petrín y los Mérticos.

Y así fué como Petrín Mastoideo encontró la pequeña aldea de los Mérticos. Lástima que estos, bajo esos ojitos grandes y brillantes, y esa piel peluda simpatiquísima, eran en realidad una evolución de tierra de uno de los peores parásitos del ser humano, la tenia.
 

lunes, 17 de mayo de 2010

El Periquito Asmático.

Queridos nietecitos: Antes de nada, aviso que regreso de mi ausencia, me han trasplantado siete veces un pulmón, pero es que fumo mucho. Ya estoy mejor. Gracias por los e-mails de preocupación (es ironía fina de señora mayor, estoy protestando enérgicamente porque seáis tan hijos de puta de enviar mil doscientos e-mails de cadenas, niños con enfermedades, cierres de Hotmail, y no le escribáis ni una vez a vuestra abuela preferida).

Vamos con el cuento:
Érase que se era, de los quesos de la era, que un periquito muy noble, de nombre Reciproquín, porque solía compartir siempre cualquier sentimiento que el prójimo sintiera hacia él, decidió marcharse a la aventura, alejarse de su jaula, y despedirse como creía que era menester de su dueña, la señora Gargantúa (Pérez de Colmenar), que era con educación y quizás un poema.
Con las maletas hechas, Reciproquín ya lo tenía todo listo, reloj, el móvil, la cartera, perfume de hombre Varón Dander, y su cepillo de pico para el aseo diario.
Así que se dispuso a escribir unos versos con los que despedirse de su dueña.
La empresa se le tornó muy difícil, de los difíciles todavía de los que dicen en el circo, y reciproquín no fue capaz de componer unos versos. ¿Por qué? Lo he dicho antes, tenía un serio problema, o no tan serio quizá, pero problemático al fin y al cabo mayor del ejército. Y es que, Reciproquín sentía sólo lo mismo que alguien sintiera por él, con lo que no podía transcribir unas frases de manera demasiado coherente:
“yo también, querida Gargantúa,
Y por supuesto eso también.
Claro, sí, yo también por usted,
Sin duda sí, no puedo estar más de acuerdo”.
Siguió toda la noche escribiendo, o intentándolo, sin que sus frases consiguieran expresar el inicio de un sentimiento, de una voluntad, se sucedieron los “yo también”.
El gato se acercó de madrugada a la jaula.
“Hola, Periquito, ¿Cuál es tu anhelo, cual tu problema, qué es lo que te trae de picos pardos hacia abajo, hacia arriba, y venga esto y tortilla de gallina, sin descanso? Cuéntame “Tony hijo”, cuéntame como pasó, como la serie de la primera, dime en qué cosa pudiere un felino humilde y perspicaz ayudarte”
-“Es que no me sale, no puedo escribir versos!” -Dijo el periquito. -“¿Has probado a poner en uno de los versos “dar empaque”? A mí es que es una expresión que me encanta. Además escribir “dar empaque”, da empaque. Siempre pareces más listo si dices que algo da empaque. A no ser que trabajes en MRW”.


El consejo del Gato Chundarato iluminó el alma del periquito. “Dar Empaque”, eso tenía mucha clase, efectivamente, ¡había que ver que dominio de la lengualogía tenía el gato callejero ese!
“Querida Dueña Gargantúa: Da Empaque”
Orgulloso, firmó la nota, y se dispuso a partir. El gato se lo comió según salía por la puerta de la jaula.
Moraleja: A donde vas a ir, alma de cántaro, si más allá de la puerta, aunque sea algo que dé empaque, vas a ser devorado por un gato. Subnormal. Atontao.

domingo, 21 de marzo de 2010

Pepino, el escritor Mazorquín.

Esta es la amarga historia de Pepino, natural de Palma de Mazorca. Pepino era un literato, un escritor avezado, un columnista amparístico, que asistía también a dos clases de dramatización y una de mimo, y aunque no aportaban mucho a su dedicación prioritaria, la escritura, sí le aliviaban del estrés los lunes y los miércoles.

Pepino se tenía en muy buena estima "soy, probablemente, que digo probablemente, universalmente, el mejor escritor de Palma de Mazorca", se decía a sí mismo. Y escribía y escribía sin parar muchas columnas, unas de opinión, otras de literatura, otras de cocina y macramé. Lo suyo era darle a la tecla compulsivamente, sin parar, hablando sobre cualquier cosa.

Un día resultó que se había muerto uno de los grandes escritores que aún quedaban vivos, y Pepino se dijo, "ahora todos alabarán la memoria de este hombre, yo tengo que ser algo más avezado". Dicho esto, "avezado", se bañó en una bañera llena de aves con harina. Una vez bien avezado, se puso enfrente de su Amstrad PCW8256, y comenzó la prosa, que le salía muy redicha y presuntuosa, como si fuera de alguien muy listo que siempre acaba por perdonar a los demás:

"pues no era para tanto, a mí ya se me había olvidado ese hombre si no fuera porque mi hijo lo estudia en clase, escribía siempre que si guerras, que si posguerras, estaba anclado en el ancla de las anclas del tiempo. Además esa ciudad de Castillos que retrata, es un agobio, fíjense que un día me bajé del taxi allí y las calles eran Langostas y todo y la señora gritaba desde un balcón, y todo, así que me volví dentro del taxi y ya nada más quise saber de ese sitio tan feo que no tiene playas ni turismo anglosajón. Este hombre es que se ha muerto tarde, y nada más. Ya le sobraban años nada más que recibiendo premios y siendo un mito en vida"

Pepino era pues de la opinión de que conoces perfectamente una ciudad si has estado en su estación de autobuses, incluso aunque no hayas salido de allí, y de que no vales lo que valen tus obras, sino que sigas vivo y te empeñes en seguir ahí cuando ya podías llevar años en los libros de historia, que es mejor.

Pero Pepino no contaba con las nuevas tecnologías, que en cuestión de minutos hicieron de él un producto caduco al igual que él había pretendido en su texto con aquel gran escritor fallecido, describiendo ciudades de otros como si vivieran en los 60, y despreciando la literatura del artista como si por encastrada en una época, no fuera una obra de arte, conviertiendo su columna en un "evento" copypasteado por todo el país.

Ahora, como resultado de los grupos que se han creado en las nuevas tecnologías poniéndole a parir por pretencioso y perdonavidas, Pepino no debería ni acercarse a las ciudades de los Castillos, no vaya a ser que le den por donde amargan los Rochester, Indiana.

domingo, 18 de octubre de 2009

EL FIN DE EDMUNDO

Edmundo Rúbrica tenía un presentimiento. Su final estaba cerca. Cerca. Muy cerca. Normal, ya que tenía un precipicio de tresmil metros a la puerta principal, y solo podía salir a la calle, por el trastero. Y quieras que no, aunque intentes memorizar que la situación de tu casa es irregular, terminas por ser un animal de costumbres, entre ellas, salir de casa por la puerta de la calle.

Así que Edmundo, había adaptado su hogar y necesidades a la vertiginosa situación de tener un precipicio en la puerta. Había amaestrado siete palomas mensajeras, una por cada hora del día (no salía de casa y tenía un reloj de pared cuyo mecanismo estaba atascado con espaguettis, así que Edmundo también creía que el día duraba siete horas), y un jabalí chonchete para irle y traerle, como a él le gustaba decir. Bien es verdad que aunque Edmundo tenía mucho cariño al Jabalí, éste salió el primer día por la puerta en dirección al pueblo, y se encontró lógicamente con una caída larguisima que terminó felizmente con un hostión tremebundo y doloroso que extendió carne de jabalí por toda el área, más rápido de lo que se extendió el cristianismo.

Edmundo esperaba hoy mensaje de su amada, Carmina Burrana, que vivía al otro lado del precipicio: "te extraño, Ed. A ver si te decides a comprar ese puente colgante en el Ikea y nos vemos más a menudo". Ed pensó, que si salía por el trastero, aunque se encontrara con un precioso prado, seguiría alejado de su amada, con lo cual optó por soldar las palomas mensajeras, las siete, para hacerse un avión mágico, y poder volar al hogar de su amada y viajar juntos a la India a comer Kebabs.

Edmundo era bastante idiota, y la carnicería que armó en su casa con las palomas y el soplete aún hace ecos por todo el valle.

La Moraleja vendría a ser: No sueldes siete palomas, van a morir horrorosamente, y no tendrás un "avion mágico. Subnormal.