jueves, 9 de enero de 2014

Sin extrañeza se le esperaba.

Robregordo Gorechenko era un músico de contrabajo enamorado. Estaba todo el día para arriba, para abajo, que si tal y que si cual... Y todos los días pasaba por su restaurante preferido, el Pinzita´s, a ver a su amada.

Entre las camareras no estaba, entre las cocineras tampoco. Era una morena. Pero no morena de morena rubia, de morena o pelirroja, era una morena, de las del mar, de las que muerden. tenía ojos como inyectados en sangre, revoloteados, revueltos de gambas, y un aspecto realmente amenazador. En cambio, una morena, de las de morena o rubia, de las de morena o pelirroja, una de las camareras, vamos, estaba enamorada de Robregordo. Salía al paso de las acusaciones de sus compañeras de contrabajo, las otras camareras, que insinuaban tonterietas de enamorados entre la morena, de la cual no he dicho el nombre pero es que los rusos tienen estas cosas, que se llaman raro como Relojdearena o Salamancaconqueso, cualquiera sabe ya el nombre de aquella camarera.

Robregordo volvía a casa, donde vivía con su abuelo, Ivanov, que curiosamente años atrás había protagonizado un cuento clásico ruso, porque si eres abuelo ruso por fuerza has sido antes un personaje ficticio de una leyenda, ellos son así, no me investiguen, ya saben aquello de la Leyenda de la Zarigüella que al final resultó ser sobrina de nosequién.

Ivanov le dió a robregordo una lección que nunca olvidaría. Bueno, todas las tardes le daba clases de contrabajo, y en teoría debería no olvidársele, cuando de repente irrumpieron en la habitación un montón de ardillas del hip hop, ardillas peligrosísimas que lo mismo te riman a ritmo de Tchaikowsky que te matan con un cuchillo porque son mala gente. Las ardillas venían en son de paz, y el son que traen al caminar las ardillas del rap, es un son latino, un son de spotify, un son Otone. Vinieron a decirle a Robregordo que si estaba dispuesto, podrían sacar a la morena de la pecera, para que la diera un beso o un concierto. Robregordo dijo CONCIERTO!, porque era un personaje bastante idiota. El único ruso con un nombre que no se podia escribir en cirílica pascual. Se escribía en inglés. Robregordo, Rauber Gorde, en italiano. Muy mal todo, muy estropicio. Muy de montarse un lío con ardillas, morenas, tontos y contrabajos.

Al final Ivanov, el abuelo, los mató a todos. Pero no quedaba aquí la cosa, ya que después de desahogarse, de quitarse un peso de encima de hacer puré de niño tonto, pescados y ardillas, de generar una masacre musical, se fué a hacer las américas. En plena guerra fría. Y si de frío sabe alguien, son los rusos y los de ávila.

Total que Ivanov hizo una gira que se acogió más bien con poco interés por parte de los ciudadanos de Wichitah, los hermanos Wichitah, los de Matrix, más que nada porque tituló a su gira musical de contrabajo y ovejas musicales "LA GIRA MUSICAL DE LA HOZ Y EL MARTILLO, HIJOSDEPUTA". Y claro, no tuvo feeling con el público americano, que entonces ya tenía bastante con las invasiones de hormigas mutantes gigantes del Sol (eran del sol, qué pasa, en marte ya había demasiada gente). Fué despedido por sí mismo de su propia gira, propinándose una sonora patada que lo echó del local donde actuaba por última vez. Y eso, fíjenese, sí tuvo buena acogida. Al despedir a ese ruso malencarado, se hizo popular en la zona, todos le aclamaban, formó un grupo de jazz con dos negros y una foca monje, que sabía tocar espectacularmente los campánulos, y montó otra gira, esta vez acertadamente titulada "NO VOLVERÁS A TOCAR EN MI GARITO, MALDITO COMUNISTA".

Total que a estas alturas os habéis olvidado de Robregordo, el ruso sin nombre en cirílica, y la morena de la pecera del Pinzita´s.

for M.

2 comentarios:

Thadeus dijo...

¡Bravo, bravo! Plas,plas,plas

SarnaGO dijo...

Gracias señora!