lunes, 3 de noviembre de 2008

MINABÍ, EL NIÑO ADOPTADO POR MAIL.

Se acercan las fechas navideñas, o al menos en mi barrio han puesto ya luces, debe ser para engañarnos y que compremos como descosidos, y he pensado, nietecitos, contaros una historia muy navideña y entrañable para estas fechas en las que nadie quiere el turrón duro.

Minabí era un niño feliz, pese a las condiciones de vida de su familia, que vivían en una choza hecha con mondadientes que es lo que les jode, y con un Tupperware de tejado.

La Familia de Minabí eran Josofrí, el padre, antes aldeano de profesión, pero prejubilado, Maniplí, la madre, ama de casa por las mañanas y fábrica de alambres de sostenes por la noche. Minabí no tenía hermanos, pero sí tenían un Mono muerto, había muerto de una enfermedad desconocida que le costó a la aldea de Minabí siete años de incomunicación bajo una gran burbuja plástica, pero al final se levantó la cuarentena sin más explicación. El mono había quedado, tras la enfermedad y muerte, como si fuera de caucho, como un juguete de goma, y Minabí hacía sus risas con él y jugaba a esconderlo en distintos sitios, salvo cuando su madre, amablemente, se lo pedía para echarlo en la sopa y que cogiera sabor el caldo, pero Minabí sabía que su madre siempre se lo devolvía.

Un buen día, Minabí, paseando por el poblado, descubrió un locutorio. El Poblado no tenía agua corriente, pero alguien había creído que era muy importante ponerles un locutorio. El locutorio estaba habilitado para internet, para recargas de móviles, como videoclub de películas musicales hindús, y hasta tenía un apartado para prostituirse, voluntariamente eso sí, las ancianas del lugar (aquí meto el puntito picante para las miles de lectoras de mi misma edad, que quizás estén cansadas de releerse las noveluchas de puta barata de la Barbara Wood).

En el locutorio, Minabí cambió unos dátiles y los favores sexuales de su mono muerto con el dueño, para obtener a cambio una hora de Internet. Y es que, dada la situación económica por la que pasaban sus padres, minabí había pensado en escribir un emotivo “fordward” en el que explicar su situación, y pedir su apadrinamiento, como sabía que habían hecho los otros niños del poblado cerano gracias a Rapismundi, una organización benéfica cuyos ingresos parecían relaccionados con un famoso empresario del ladrillo. Minabí redactó un e-mail digno de las columnas de opinión de los periódicos on-line, explicando su situación y pidiendo el apadrinamiento. También se dio de alta en Paypal para que la gente que le quisiera apadrinar le pusiera unos euritos.

El Fordward decía así:

“HOLA, SOY MINABÍ, UN NIÑO POBRE DE ÁFRICA, ME ESTOY MURIENDO DE UNA RARA ENFERMEDAD, Y MIS PADRES NO TIENEN RECURSOS MONETARIOS PARA SUFRAGAR LOS GASTOS MÉDICOS QUE ME PODRÍAN AYUDAR A LLEVAR UNA VIDA NORMAL Y QUIZÁS CON VUESTRA AYUDA, PODRÍAMOS DAR SOLIDEZ ECONÓMICA NO SÓLO A MI FAMILIA, SINO A ESTE POBLADO ENTERO, PARA PODER CULTIVAR, REGAR Y DEMÁS, PUDIENDO VALERNOS POR NOSOTROS MISMOS. MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA ATENCIÓN, AMIGOS, NO ERA MI INTENCIÓN MOLESTAROS.”

Evidentemente, Minabí no recibió ni un euro ni una respuesta de nadie. Y es que si Minabí hubiera tenido tele, y hubiera podido ver algún programa del corazón, se hubiera podido fijar en los mensajes SMS enviados al programa y que en el primer mundo ya NADIE SABE ESCRIBIR CORRECTAMENTE, y su e-mail desgraciadamente era de una gramática ya desconocida en los tiempos que corren, así que nadie entendió su Fordward.

1 comentario:

Chapu dijo...

Despues de eso Minabí creó el mensaje de "se cierra hotmail"?