viernes, 13 de junio de 1975

ECLESIASTÉS MELQUIADES, LAS MEDUSAS DE BOSQUE Y LA AVELLANA LUCIÉRNAGA.

Eclesiastés Melquíades era un chaval de provincias, bien parecido, que trabajaba con su padre en la fábrica de Medusas de Bosque Parachute s.l. El negocio de las medusas de bosque fue una idea del tatarabuelo, Clavánico Melquíades, cuando el pueblecito de la sierra donde vivían se comenzó a abrir al turismo y la explotación de sus bonitos parajes naturales ofrecía nuevas posibilidades.

Nunca fue un negocio boyante lo de la fábrica de medusas de bosque, pero la fortuna de los Melquíades, heredada por haber pertenecido a la Logia Sináptica de los Protectores de los Escrotos Sagrados de los Apóstoles, les salvó el culo durante generaciones.

La fábrica no tenía mucho misterio, por un lado entraban latas de congrio en salsa verde, y al pasar por una serie de estrabos y glicáncamos, de la última sotopráncana salían ya en sí mismas las medusas de bosque, que venían a ser medusas, normales, de las del mar, y salvo raras ocasiones, terminaban por morir al caer al cesto de paja y no encontrar agua. Pero el Abuelo de Eclesiastés siempre tuvo la esperanza de que, por aquello que había leído de Darwin, un buen día las medusas salieran adaptadas al medio, el bosque, y se harían e oro vendiéndolas como animales de compañía.

Tras varias generaciones la cosa iba muy mal, las medusas seguían muriendo y vendiéndose más bien mal salvo en Navidad, porque el padre de Eclesiastés, Norbano, se inventó hábilmente una historia en la que las medusas muertas de bosque traían regalos a los niños, y así en Diciembre conseguían siempre salvar el año, aunque fuera por poco.


Eclesiastés tuvo una visión: Una Avellana Luciérnaga con patas de alambre, que era Dios Padre, o eso decía, le advertía: “Eclesiastés, a tu nombre en el DNI le falta una “e”, pone “Eclsiatés”, y no se puede pronunciar ni nada bien, no me seas gañanazo y anda al registro civil a corregirlo”. A la mañana siguiente, Eclesiastés corrió y corrió recordando el sueño, entró en la Fabrica de medusas de bosque, y gritó: “¡PARAD LAS MÁQUINAS! ¡ESTAMOS HACIÉNDOLO MAL!” Los operarios, que en su mayoría eran monos lobotomizados, se extrañaron, pero no mucho, lo que tienen una buena lobotomía es que luego como que no te preocupa mucho el acontecer diario, pero le hicieron caso. Eclesiastés corrió hacia la zona de los estrabos, dijo que estaban mal colocados, llamó por teléfono al Ingeniero del pueblo, que por avatares del destino era el lechero, y tras una consulta y un “quiero ver los planos, quiero ver los planos”, pasó una tarde entera moviendo maquinaria de aquí para allá, hasta que a la medianoche, encendió de nuevo todas las máquinas, lobotomizó tres monos más, y ¡LISTO! Para sorpresa de todos, la primera Medusa de Bosque, al caer al cesto, respiró profundamente y dijo “¡Ma-má!”.

La fiesta recorrió el valle. Se iban a Forrar. La máquina de medusas de bosque por fin producía verdaderas medusas de bosque, Eclesiastés sería un genio reconocido en todo el país, probablemente el mundo, y los que habían rechazado y quemado a su abuelo por polígamo arderían en el infierno de rabia y envidia.
Y se presentó la avellana luciérnaga, una aparición llena de luz y vientos huracanados, y señaló con su dedo de alambre acusador a Eclesiastés: “Eres idiota. Te dije que fueras al registro a cambiar lo del DNI, ¡¡No que corrigieras la maquinaria de tu fábrica para PRODUCIR ABERRACIONES BLASFEMAS!!”, y un rayo fulminó a Eclesiastés, liberó a los monos (aunque no serviría de mucho pues vagarían atontolinados por los bosques hasta morir de inanición), y mató también a las primeras Medusas de Bosque que habían salido de la Fabrica.

Al final parece que sí era Dios.

Recordad: Al despertar, no siempre recordamos exactamente lo que realmente habíamos soñado, eso es muy difícil. Así que cuidado con ir de iluminados, no vaya a ser. Palabra de Avellana, te alabamos, Luciérnaga.

Abuela mutante (c) Iván Sarnago/seriebcomics.com Ilustración: Gerard Tauste.

1 comentario:

Antonio M dijo...

Madre mía, que panzada de reir. Lo he ido dejando, pero ahora me los voy a leer todos.